Como en otros ámbitos de la vida, en los que es necesario el trabajo en equipo y en el que las personas son los eslabones imprescindibles de una cadena, aunque con diferentes funciones y grados de responsabilidad, se hace necesaria la presencia de una persona que coordine, gestione y tenga capacidad para dirigir un equipo humano. Esa persona puede denominarse jefe, coordinador, encargado, lo que no va a implicar que tenga que tener las cualidades de lo que llamamos «un líder».
Por líder defino a esa persona que, independientemente de los conocimientos profesionales que posea —que por supuesto deben de ser superiores a los que tiene el resto del equipo—, debe de tener otras capacidades y cualidades humanas para que el propio equipo lo coloque en un pedestal más alto que al resto del grupo, sin que sea el propio líder quien se ponga por encima de los demás. Desde mi punto de vista, cualidades como educación, integridad, respeto, empatía, valor, humildad, responsabilidad, capacidad para transmitir enseñanza, seguridad y positivismo.
En el ámbito que atañe a esta exposición, me centraré en el manejo del liderazgo en un quirófano, dada mi profesión, que llevo ejerciendo 50 años, dedicándome a la Cirugía Ortopédica y la Traumatología. Teniendo como el principal protagonista en un quirófano al paciente, un plantel de personal sanitario y no sanitario gira en torno a él y todos formamos parte de un equipo en el que nadie puede fallar. Un quirófano necesita de una esmerada limpieza e higiene, de personal que traslade al paciente a la mesa donde va a ser intervenido, personal auxiliar sanitario y de enfermería, instrumentista, anestesista, cirujano y ayudantes en diferentes niveles de formación a los que se les transmiten los conocimientos para que en algún momento sean ellos quienes estén preparados para asumir las responsabilidades de llevar el peso de una intervención.
El cirujano, como líder de todo ese equipo en el campo operatorio —pues en la cabecera del paciente ha de estar el anestesista, otro líder en su terreno con personal de anestesia—, ha de enfrentarse al proceso quirúrgico con conocimientos, tanto para resolver el proceso por el cual el paciente llega al quirófano en sí, como para resolver las posibles complicaciones que puedan surgir durante la intervención. En esta situación de complejidad añadida, ha de estar tranquilo, sin titubear, con manos firmes y sin que le tiemblen las piernas, y si le tiemblan, que no se note, pues dejaría de transmitir seguridad al equipo al que está dando enseñanza.
El cirujano ha de ser humilde por encima de todo ante su equipo, e impregnar a los más noveles con ese tinte de humildad que toda aquella persona que lidere un grupo debe de tener. La educación y el respeto hacia los demás, así como la empatía e integridad, forman parte de los peldaños que una persona ha de subir para ser respetada y querida. No rebajar nunca a nadie; al contrario, transmitirles positivismo y espíritu de superación, haciéndoles ver que cuando más se aprende es ante las dificultades y en estas circunstancias hay que agregarle valor a la situación para resolver las adversidades añadidas.
Un líder ha de respetar a las demás personas del equipo para que el equipo lo respete a él, y no solo en el ámbito puramente profesional, sino también en el terreno personal. Considero que detalles como conocer el nombre de todas las personas que componen el equipo son importantes, y dirigirse a cada una por su nombre. El líder ha de ser un buen psicólogo y comprender el porqué o el porqué no de determinadas reacciones que puedan tener algunas de las personas que componen el grupo que lidera; cada persona puede estar preocupada por situaciones familiares que puedan repercutir negativamente en el terreno laboral. Es ahí donde un líder ha de actuar también y, con exquisitez, preguntar qué le ocurre, ayudar en la medida correcta y ofrecer su apoyo.
Situaciones como esta han de ser tratadas en un ambiente de intimidad, sin presencia de otras personas, al igual que cuando a alguien se le debe de llamar la atención, que en algunos casos también es necesario por su propio bien y, por ende, por el bien del equipo. Un buen líder ha de ir conociendo las habilidades, virtudes y defectos de cada componente, para limar y corregir estos últimos, así como para potenciar los dos primeros y alegrarse de los progresos del personal que lidera, lejos de verlos como rivales suyos.
El síndrome de Procusto: cuando el liderazgo tiembla ante el talento ajeno
Lo que conocemos como síndrome de Procusto se basa precisamente en esta última situación: el enseñante no tolera que el enseñado llegue a superarlo. Es así que ese pseudolíder comienza a marginar y menospreciar, personal y públicamente, a aquel miembro del equipo que por sus cualidades y habilidades alcanzó cotas que hicieron temblar su liderazgo. Un auténtico líder ha de alegrarse y sentirse satisfecho de los éxitos que, tanto en el ámbito profesional como en el personal, obtengan los componentes de su equipo.
En un grupo humano, el líder ha de considerar siempre que tanto los éxitos como los fracasos son del equipo, y ante los éxitos mostrar alegría pero sin algarabías ni lanzando las campanas al vuelo, y ante los fracasos no caer derrotados al suelo: aceptar el fracaso, sacar conclusiones escuchando los diferentes puntos de vista de cada componente, tomarlo como una gran lección de vida para aprender y volver al trabajo con positivismo y más experiencia.
Creo que lo más hermoso para un líder es poder ver que cada persona es líder de sí misma, ya que en ella florecieron la educación, integridad, empatía, respeto, valor, humildad, responsabilidad, capacidad de transmisión, seguridad y positivismo.
Publicado en Cultura organizativa, liderazgo y valor compartido
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