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Historia, pensamiento político y filosofía

Política de impacto

Trasladar la convicción política desde la pantalla hasta la calle

Foto de José Manuel Serrano BernabéPor José Manuel Serrano Bernabé
José Manuel Serrano Bernabé, autor de Política de impacto

España está agonizando y solo una generación de jóvenes valientes puede salvarla. Pero, para eso, hay que hacer política de impacto real; abanderada, además, por estos jóvenes inconformistas. En los últimos años se han ido adquiriendo una serie de problemas estructurales de difícil solución. Difícil, al menos, para el modo de hacer política que impera a día de hoy.

La generación de nuestros padres —que se ha criado en otra España— nos ha hecho creer que los problemas políticos se resuelven en el Congreso; que nosotros, como ciudadanos de a pie, no podemos hacer otra cosa más allá de votar cada cuatro años. Pero están equivocados. Hay otra forma de hacer política: la política de impacto. Hablo de la política de impacto como el paso inmediatamente anterior a la acción directa. Por lo tanto, estaríamos hablando de algo que está al alcance de cualquiera; a la mano del frutero, abogado, basurero, estudiante o parado.

Dos maneras de estar en política

El punto de inflexión primordial está en distinguir los distintos estadios de la política que podemos encontrar desde que entramos en el siglo XXI. Por un lado, tenemos la política en la calle: la acción directa y la política de impacto. Es decir, las actividades reivindicativas realizadas de cara al miedo y al poder; sin miedo a represalias o a dormir en el calabozo. Y, por otro lado, la política que cada vez impera más: la política de redes sociales y sus cámaras de eco. De esta forma, disociamos las realidades. Vamos a profundizar más en estas ideas.

Las redes sociales, en su justa medida

Las redes sociales, per se, no son malas. Pero, como todo en esta vida, no son malas en su justa medida y con moderación, buscando un equilibrio. En este caso, el equilibrio no está en las horas que le dedicas a las pantallas —para eso ya hay miles de gurús que saben más que yo—. El equilibrio está en la participación política que se ejerce desde las redes sociales.

Esta revolución de internet ha supuesto un gran avance para muchas cosas y, en el campo de la política, no es menos. Pero un TikTok o un reel no deben arrebatarle el sitio que le corresponde a una reivindicación en las calles; hay que darles el uso que les corresponde. Los mecanismos digitales no deben de ser utilizados para atacar al poder —o, al menos, no como el ariete que haga tumbar las puertas de la fortaleza—. Los mecanismos digitales deben de ser utilizados para la puesta en conocimiento de talento, ideas, propuestas y reivindicaciones. Pero, el ataque y la furia contra el poder, debe de ser en la calle.

Resulta muy llamativo para todos ver un tweet con 100.000 «me gustas». Pero, a efectos prácticos, es mucho mejor una manifestación en Colón. Además, estas redes sociales, agrupadas prácticamente por jóvenes, van a servir como caldo de cultivo de ciertas ideas que propugnen una noble empresa contra la injusticia.

La reivindicación se hace en el día a día

Lo que le sigue a esto es la política de impacto. Una vez que tengamos nuestras filas de jóvenes hidalgos, debemos poner en práctica lo aprendido. Los que hayan sido exitosos en su paso por las redes sociales, que sigan ahí, dando a conocer el mensaje político que pretendemos transmitir. El resto, la mayoría, los que hemos conocido la verdad, debemos de enfrentarnos a la mentira.

En las calles, universidades, pueblos, bares. En todo lugar donde veamos una situación injusta, ahí estaremos. La reivindicación se hace desde el día a día, en el trabajo ordinario. San Josemaría nos invitaba a ser santos santificando el trabajo ordinario y las pequeñas cosas del día a día; pues vendría a ser algo similar. Luchar contra la mentira y el mal no es otra cosa que luchar en legión por estar más cerca de Dios. Dios está con la Verdad y con el Bien. Por lo tanto, toda lucha que se haga conforme a la enseñanza divina será estar un paso más cerca de la recompensa celestial.

¿Esto qué supone? Esto supone que si estamos en una clase de la universidad y el profesor dice que Ceuta es una colonia española y que no tenemos derecho a defenderla, debemos saltar al instante y defender la Verdad. En nuestros puestos de trabajo, si se nos quiere obligar a trabajar 12 horas seguidas, debemos plantarnos y decir que esto atenta contra la dignidad humana. Y todo esto, en nuestro día a día. De lunes a domingo. Pero, en los huecos libres: a las calles.

Esto no es otra cosa que el entrenamiento para el partido real. La defensa de las ideas de la Verdad se hacen en la calle, con reivindicaciones masivas reales y quitándonos la falsa idea de que, por que un tweet tenga 100.000 «retweets», toda España está de nuestro lado.

Nos estaríamos engañando viviendo en nuestra cámara de eco.

Una generación que ya se ha llenado las piernas de barro

Nuestra generación está preparada para no achantarse y plantar cara al enemigo. Somos la generación que se ha llenado las piernas y la cara de barro en Valencia; la generación que cogió un coche compartido un miércoles cualquiera de noviembre para manifestarse en Ferraz; o la generación que ahora se planta en Ceuta a defender nuestra soberanía.

Pero todavía hay camino por recorrer. Esta noble generación, rebelde e inconformista, a la que le da absolutamente igual lo que un puñado de traidores le digan; ni tampoco permite que le levanten el dedito con lecciones de ética y política.

Tenemos la responsabilidad de darle a nuestros hijos un futuro que nosotros no tendremos y que nos han robado. Renunciaremos a lo que haga falta, si es preciso, para un bien social mayor. Somos la generación más solidaria de la historia y así debe quedar reflejado.

De la indignación a la presencia

La política de impacto no debe de ser otra cosa que trasladar la convicción política desde la pantalla hasta la realidad, convirtiendo la indignación en presencia, organización y presión social; produciendo una consecuencia real fuera de la pantalla.

Sin miedo, valientes. Por nuestro proyecto de Nación, por España y por nuestros hijos. Defendamos lo que nos pertenece.

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